Las llaves de Pedro

Publicado: febrero 23, 2012 en estudio biblico, mensaje escrito

 “Mateo 16:18  Y yo también te digo,  que tú eres Pedro,  y sobre esta roca edificaré mi iglesia;  y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. 16:19  Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos;  y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos;  y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. 16:20  Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.”

Como observamos en el estudio titulado: “La verdadera roca” en donde damos a entender cuál es la verdadera roca a la que se refiere Cristo, y no como lo señala la iglesia católica diciendo que es Pedro, sino que más bien se refiere a la confesión acerca del hijo de Dios y a él mismo, también quisiera dar a conocer, según los parámetros bíblicos, cuales son las llaves de Pedro y a que se refiere Jesús con esto.

Primero lo primero, ¿Cómo podemos saber que significa una llave si no sabemos que puertas son las que abre? Muchos ya han dibujado en su mente la caricatura de Pedro encima de una nube con un manojo de llaves en su mano frente a una gran puerta dorada la cual es supuestamente la “entrada al cielo o paraíso”. Y es que esta figura, que muchos conocemos, no es nada más que una caricatura que nada tiene que ver con la realidad, menos con la realidad bíblica, pues debemos hacer una diferencia en cuanto a los conceptos literales de la escritura y separarlos de los conceptos reales.  Y digo esto ya que Jesús, quien tanto predico acerca del reino de los cielos, cuando fue anunciado por Juan el bautista, este predicaba claramente “… arrepentíos y convertíos porque el reino de los cielos se ha acercado…” (mateo  3:2) es decir, con esta frase ya nos podemos dar cuenta de que el reino de los cielos está muy lejano a la imagen de la puerta dorada encima de una nube, y es que esto puede parecer algo descabello, y lo es desde el punto de vista en que creemos en ello por medio de una tradición que mal interpreta la concepción que debiéramos tener acerca del reino de Dios, sin embargo las palabras de Juan no son una frase sin sentido que lanzo al viento para ver quien creía o no, sino más bien, es una frase que el mismo Jesús habla y confirma diciendo que el reino de Dios, o el reino de los cielos se ha acercado y ya está aquí en la tierra, es decir, se trata de una realidad presente que Jesús anuncia de la siguiente forma:

“Mateo 3:1  En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, 3:2  y diciendo: Arrepentíos,  porque el reino de los cielos se ha acercado.”

“Mateo 4:17  Desde entonces comenzó Jesús a predicar,  y a decir: Arrepentíos,  porque el reino de los cielos se ha acercado.”

“Mateo 12:28  Pero si yo por el Espíritu de Dios hecho fuera los demonios,  ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios.”

Ahora bien, la pregunta es ¿Alguien ha visto alguna nube cerca de nosotros en donde se pueda apreciar una puerta dorada y al lado de esa puerta a Pedro? Estoy seguro que nadie ha visto eso cerca de la superficie terrestre y menos, cerca de los hombres como Jesús lo anuncia, por lo tanto debemos sacar de raíz aquella imagen pagana que la tradición ha puesto en el inconsciente colectivo diciendo que esa figura es la del Reino de los Cielos, pero entonces ¿Qué significa el reino de los cielos? La repuesta es muy sencilla de entender, pero difícil de explicar, y esto debido a que le Reino de los Cielos no es nada más que la realidad espiritual en la que nosotros mismos habitamos. Es por esta razón que cuando Jesús habla en parábolas acerca del Reino de los Cielos habla de personajes como “los siervos”, “el maligno”, “los siervos de del Señor”, “el trono de Dios” etc. Es en este mismo lugar en donde los hombres somos comparados como “el trigo”, “la buena tierra”, “el árbol que da buen fruto” etc. Todas estas figuras alegóricas son solo explicaciones de lo que en la misma escritura se conoce como ángeles (siervos de Dios), el maligno o el adversario (satanás el diablo), es decir, dan cuenta de una realidad espiritual actual y presente, la que Jesús ministraba en forma de alegorías o parábolas para que la gente del vulgo las pudiese entender y asimilar por medio de la frase “el Reino de los Cielos es SEMEJANTE a…” el cómo funciona esta realidad espiritual llamada “Reino de los cielos”.

Por lo tanto, ahora que ya tenemos una idea de lo que significa el Reino de los Cielos, la realidad espiritual en la que se mueve incluso el Espíritu de Dios en nuestra vida, la pregunta es ¿Qué significan entonces las llaves de Pedro en el reino de Dios?

Para comenzar, debemos empezar por lo simple, pues ya hablamos del Reino de los Cielos, sin embargo este Reino de los Cielos tiene una entrada, una puerta, puerta que en las parábolas y bajo las mismas palabras de Jesús, se refieren a él mismo, a Jesús. Es por esto que  Jesús habla la siguiente parábola:

“Juan 10:1  De cierto,  de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas,  sino que sube por otra parte,  ése es ladrón y salteador.10:2  Más el que entra por la puerta,  el pastor de las ovejas es. 10:3  A éste abre el porteroy las ovejas oyen su voz;  y a sus ovejas llama por nombre,  y las saca.10:4  Y cuando ha sacado fuera todas las propias,  va delante de ellas;  y las ovejas le siguen,  porque conocen su voz. 10:5 Más al extraño no seguirán,  sino huirán de él,  porque no conocen la voz de los extraños. 10:6  Esta alegoría les dijo Jesús;  pero ellos no entendieron qué era lo que les decía. 10:7  Volvió,  pues,  Jesús a decirles: De cierto,  de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. 10:8  Todos los que antes de mí vinieron,  ladrones son y salteadores;  pero no los oyeron las ovejas. 10:9  Yo soy la puerta;  el que por mí entrare,  será salvo;  y entrará,  y saldrá,  y hallará pastos. 10:10  El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir;  yo he venido para que tengan vida,  y para que la tengan en abundancia. 10:11  Yo soy el buen pastor;  el buen pastor su vida da por las ovejas.”

 

Él es el buen pastor, según las mismas palabras de Jesús, y él también es la puerta, es decir, hay una entrada al Reino de los Cielos, y esta entrada se llama Jesús quien por esta razón se hace llamar la puerta, y esta es la razón por la cual Jesús dice que nadie, nadie puede ir al Padre si no es por él:

“Juan 14:6  Jesús le dijo: Yo soy el camino,  y la verdad,  y la vida;  nadie viene al Padre,  sino por mí.

Por lo tanto podemos creer libremente que la puerta, la única entrada que Jesús define para el Reino de los Cielos, es el mismo Jesús al decir “…el que por mi entrare…” y también  “…yo soy la puerta”.

Sin embargo, detengámonos aún más en esta parábola ya que tiene elementos interesantes que llaman fuertemente la atención, y esto debido a que Jesús al principio de esta parábola nombra a un “portero”, quien abre la puerta al pastor de las ovejas, dando a entender que al parecer, aquel pastor no siempre estuvo con las ovejas y que si no hubiese sido por ese portero, el no habría entrado al redil para liberar a sus ovejas por lo tanto ¿Cómo podemos entender los primeros versículos de esta parábola, cuando sabemos que Jesús siempre estuvo con sus discípulos y con los que le seguían? Muy sencillo, pues esta parábola, es como una profecía que se cumple en el tiempo de los apóstoles, es decir, es una enseñanza que delata la acción del buen pastor y la acción del portero en el Reino Espiritual.

Esto podemos comprobarlo de la siguiente forma: Cuando Jesús alimentó a los cinco mil, Jesús se conmovió por ellos debido a que “… vagaban como ovejas sin pastor…”, es decir, la misma escritura señala en ese momento a los israelitas que le seguían, que esa multitud era comparada con un rebaño de ovejas que se movían como si no tuviesen pastor.

“Marcos 6:34  Y salió Jesús y vio una gran multitud,  y tuvo compasión de ellos,  porque eran como ovejas que no tenían pastor;  y comenzó a enseñarles muchas cosas.”

Y esta multitud, que andaba como ovejas sin pastor, es la misma multitud que seguía a Jesús según el evangelio de Juan, en donde se relata la misma escena de alimentación de los cinco mil hombres en el evangelio de Marcos capitulo seis, en el cual también señala que Jesús se retiró del lugar de donde fueron alimentados:

“Juan 6:10  Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente.  Y había mucha hierba en aquel lugar;  y se recostaron como en número de cinco mil varones…  …6:15  Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey,  volvió a retirarse al monte él solo.”

Según este último versículo pregunto ¿Acaso Jesús no era rey? Es decir ¿Qué motivó a Jesús a retirarse del lugar cuando es la misma escritura quien lo define como Rey?

Jesús es rey, aun ese momento pues no debemos olvidar que cuando Jesús nace, dice la escritura claramente que: “… ha nacido un rey…” (Mateo 2:2), entonces ¿Por qué se retiró Jesús por el hecho de querer hacerle  Rey antes de tiempo? Es decir, que aún no se podía cumplir la profecía inserta en aquella parábola del buen pastor, ya que todavía no se cumplía la parte en que aparece el portero quien le da la entrada al buen pastor hacia el redil para que este libere a sus ovejas.

Por lo tanto a través de la misma escritura nos damos cuenta que la parábola del buen pastor, ya no podía cumplirse aun en los días de Jesús, pues nombra a una multitud, de cinco mil hombres que se movían como ovejas sin pastor  y también nombra al pastor, pero no hace mención del portero, ya que aún no había llegado el cumplimiento total de esa parábola que se refiere a una profecía especifica en el ambiente espiritual.

Alguien tal vez puede preguntar, ¿Pero quién es ese tal portero que impidió por medio de su ausencia, el cumplimiento de una profecía que ya tenía dos de los tres elementos más importantes, como lo son las ovejas y el pastor? Esta pregunta es la que nos da el hincapié para que podamos entender la importancia de la figura del portero del redil y su conexión con las palabras de Jesús dirigidas a Pedro,  pues ¡¿Quién más que ese portero puede tener las llaves de la entrada al redil, sino Pedro a quien le fueron otorgadas?!

Ese es el punto principal de este análisis, es Pedro ese portero aun ausente, a quien Jesús le entregó las llaves del Reino de Dios, es decir, Jesús por medio de esas palabras lo estaba señalando oficialmente como el portero de aquel redil en donde se encuentran las ovejas…  pero si es Pedro quien tiene las llaves ¿Por qué no se dio cumplimiento de esta parábola profética al momento de ser alimentados los cinco mil?

No se dio cumplimiento acerca de la parábola del redil en ese momento primero porque es una profecía que apuntaba a un movimiento especifico en el ambiente espiritual que tiene relación con derramamiento del Espíritu Santo, y en segundo lugar porque, si la multitud comenzaba a proclamar a Jesús como el Rey, que es lo que a ellos les fue revelado en esos momentos, entonces nunca se hubiese cumplido la palabra de Dios cuando dice que era necesario que el Cristo padeciese, tal como lo predicaban los apóstoles en el tiempo de la iglesia primitiva: “… era necesario que el  Cristo padeciese…” (Hechos 17:3) por ello no le podían hacer Rey en ese momento, y por ende, Pedro aun no podía tomar posesión de las llaves, ni la autoridad como portero.

¿Cuándo entonces se cumple la profecía de la parábola del buen pastor? Esta profecía de la parábola del buen pastor, se cumple solo cuando Cristo ya había resucitado de la muerte, pues era necesario que padeciese, y una vez que hubo resucitado es cuando Cristo le otorga el cumplimiento de la promesa a Pedro acerca de las llaves del Reino. No nos olvidemos que Jesús le dijo “… a ti te daré las llaves del Reino…” hablándole de un tiempo futuro y no de un presente… …pues bien, una vez que Cristo resucitó, es el tiempo entonces en que Pedro debía tomar posesión de esas llaves según su promesa, para que la parábola del redil y del buen pastor estuviese completa.

Fue entonces cuando Jesús después de haber resucitado, manda a buscar a Pedro quien le había negado tres veces, razón por la cual Jesús, después de la resurrección, comienza su dialogó con el diciendo:

“Juan 21:15  Cuando hubieron comido,  Jesús dijo a Simón Pedro: Simón,  hijo de Jonás,  ¿me amas más que éstos?  Le respondió: Sí,  Señor;  tú sabes que te amo.  Él le dijo: Apacienta mis corderos. 21:16  Volvió a decirle la segunda vez: Simón,  hijo de Jonás,  ¿me amas?  Pedro le respondió: Sí,  Señor;  tú sabes que te amo.  Le dijo: Pastorea mis ovejas. 21:17  Le dijo la tercera vez: Simón,  hijo de Jonás,  ¿me amas?  Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas?  Y le respondió: Señor,  tú lo sabes todo;  tú sabes que te amo.  Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. 21:18  De cierto,  de cierto te digo: Cuando eras más joven,  te ceñías,  e ibas a donde querías;  mas cuando ya seas viejo,  extenderás tus manos,  y te ceñirá otro,  y te llevará a donde no quieras. 21:19 Esto dijo,  dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios.  Y dicho esto,  añadió: Sígueme.”

Pedro, una vez que Jesús fue arrestado, teniendo miedo de que lo identificaran como uno de sus discípulos, le negó tres veces ante las preguntas de aquellas personas que lo increparon señalándolo como uno de sus seguidores. Y como el mismo Jesús había dicho en una de sus predicaciones que “… cualquiera que me negaré, yo también le negaré delante de mi Padre…” (Mateo 10:33), podemos entender entonces que en ese momento de dialogo con Jesús, Pedro estaba bajo condenación por haber negado al Cristo. Es por esta razón que Jesús debía restituirle como su discípulo, pues ya le había prometido a Pedro tener las llaves del Reino, y no podía faltar a su palabra, por lo tanto Jesús haciendo uso de su misericordia, restituyó la posición de Pedro logrando que este le confesará su amor, la misma cantidad de veces que le negó, anulando de esta forma la condenación que pesaba en ese momento sobre Pedro y no tanto solo eso sino que con cada confesión que hacia Pedro, Jesús le señalaba como aquel hombre que tenía la obligación de apacentar las ovejas, no sus ovejas pues él no era el buen pastor, sino las ovejas de Cristo, por esto le dice a Pedro: “… apacienta mis ovejas…” (Juan 25:15).

Y ahora que tenemos el antecedente bíblico que nos aclara quien es el buen pastor, quienes son las ovejas , quien es el portero o el que posee las llaves y cuando se debían cumplir, las promesas de Cristo y la profecía en la parábola del buen pastor. Solo ahora podemos entender que el cumplimiento total de todas estas palabras dichas a los discípulos y a Pedro, comienzan después de la resurrección del Cristo, es decir, en el libro de los hechos y más específicamente desde el evento que conocemos como el derramamiento del Espíritu de Santo de Dios.

¿Por qué en ese momento? Porque ya mencionamos que el reino de Dios es la realidad espiritual y paralela a nuestra realidad física y material que está en medio de los hombres, es decir, aquel lugar de donde provienen los ángeles o espíritus de Dios, el trono del Señor, la gran expansión de cristal que nos anuncian los profetas y también donde tiene lugar el maligno, pues todas estas cosas aunque son invisibles a nuestro ojos, no dejan de ser absolutamente reales, y en la realidad espiritual denominada “Reino de los cielos”.

Por esta razón, es en el momento del derramamiento del Espíritu Santo, aquel que proviene de la expansión, en donde por medio de este acto el Altísimo nos da la señal más clara que nos muestra que el reino de Dios estaba presente en medio de los hombres, ¡Pero hacía falta que alguien le diera la entrada al buen pastor!, tal como lo indicaba la parábola, es decir, tenemos las ovejas y el Reino de Dios manifestado a través el derramamiento del Espíritu Santo en medio de los hombres, por lo tanto ya es tiempo de que el buen pastor haga su entrada en el redil para liberar a sus ovejas, y que esa entrada sea dispuesta por el portero, ¡Pedro! ¡El único que tenía las llaves en ese momento!

Es aquí entonces, según el relato que aparece en el libro de los Hechos capitulo dos, donde Pedro comienza a predicar al Cristo, es decir, comienza a hacer uso de una de sus llaves al momento de predicar diciendo las mismas palabras de Juan Y Jesús al hablar del reino de los cielos: “… arrepentíos y convertíos…” pues el Reino de los cielos ya estaba en medio de ellos, y estas palabras estaban dirigidas a las ovejas perdidas de la casa de Israel, por esto Pedro les habla diciendo “… varones Israelitas… …arrepentíos y convertíos”  “… Porque era necesario que el Cristo padeciese, para que viniera entonces el derramamiento del Espíritu Santo…” ¡Amen! ¡La puerta ya había sido abierta, he aquí el buen pastor a sus ovejas, recibidle como tal!, por eso “… bautícese cada uno de vosotros en el nombre de nuestro Señor Jesucristo… y recibiereis el don del Espíritu Santo… porque para vosotros (ovejas de su redil) es la promesa…” ¡Amen! He aquí el registro de aquel evento.

“Hechos 2:14  Entonces Pedro,  poniéndose en pie con los once,  alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos,  y todos los que habitáis en Jerusalén,  esto os sea notorio,  y oíd mis palabras.

2:15  Porque éstos no están ebrios,  como vosotros suponéis,  puesto que es la hora tercera del día. 2:16  Más esto es lo dicho por el profeta Joel: 2:17  Y en los postreros días,  dice Dios,   Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne… “

“… 2:21  Y todo aquel que invocare el nombre del Señor,  será salvo. 2:22  Varones israelitas,  oíd estas palabras: Jesús nazareno,  varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas,  prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él,  como vosotros mismos sabéis; 2:23  a éste,  entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios,  prendisteis y matasteis por manos de inicuos,  crucificándole; 2:24  al cual Dios levantó,  sueltos los dolores de la muerte,  por cuanto era imposible que fuese retenido por ella…”

“… 2:32  A este Jesús resucitó Dios,  de lo cual todos nosotros somos testigos.

2:33  Así que,  exaltado por la diestra de Dios,  y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo,  ha derramado esto que vosotros veis y oís…”

“… 2:36  Sepa,  pues,  ciertísimamente toda la casa de Israel,  que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis,  Dios le ha hecho Señor y Cristo. 2:37  Al oír esto,  se compungieron de corazón,  y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos,  ¿qué haremos? 2:38  Pedro les dijo: Arrepentíos,  y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados;  y recibiréis el don del Espíritu Santo. 2:39  Porque para vosotros es la promesa,  y para vuestros hijos,  y para todos los que están lejos;  para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. 2:40  Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba,  diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. 2:41  Así que,  los que recibieron su palabra fueron bautizados;  y se añadieron aquel día como tres mil personas.”

Bendito sea nuestro Señor Jesucristo quien ya había entrado al redil de sus ovejas gracias a la predicación de Pedro, el portero autorizado por el Cristo para hacer uso de sus llaves, y hacer que las ovejas de la casa de Israel conocieran la voz de su pastor y la oyeran y se gozaran con él y lo mejor de todo, según las propias palabras de la parábola de Jesús, habían sido liberadas del redil.

Sin embargo aquella cantidad de gente, pareciera no ser la misma cantidad de gentes que vagaban como ovejas sin pastor, ya que la misma escritura señala que aquellos que en esos momentos fueron bautizados, eran como tres mil. ¿Acaso faltan aún dos mil hombres de aquella multitud de cinco mil que fueron alimentados por el maestro quienes en su momento quisieron hacerle Rey?

El pasaje anterior muestra la escena de cómo se debía dar cumplimiento a la parábola del buen pastor enseñada por Jesús, pero no nos olvidemos que el mismo Jesús habló a Pedro diciendo “… a ti te daré las llaves del reino…” es decir, por medio de esta predicación, Pedro había utilizado solo una de las llaves que el mesías le prometió que le daría, por lo tanto, esta profecía aun tenia algunas fases que completar.

Entonces, una de las fases de esta profecía, la de las llaves de entrada al Reino de Dios dadas a Pedro ya se había cumplido, pero falta aún completar el número de ovejas sin pastor que la palabra menciona cuando Jesús alimentó a los cinco mil hombres sin contar mujeres y niños. O bien faltan dos mil hombres, o debe existir un evento que nos indique que aquellos cinco mil hombres debían, al igual que la multitud en pentecostés, recibir al buen pastor por medio de la puerta que abre Pedro  a través de su predicación. Es entonces es bajo estos antecedentes, que podemos ver como aun esta profecía debe cumplir una nueva fase en el momento en que Pedro, junto a Juan, quien en su evangelio escribió la parábola del buen pastor dicha por Jesús, debían testificar como tantas veces se ha demostrado a través de la biblia la necesidad de dos testigos presentando al Cristo, el cumplimiento de esta profecía de las llaves de Pedro, unidas a la parábola del buen pastor para que la multitud de aquellos cinco mil hombres que vagaban como ovejas sin pastor, pudieran reconocer la voz del Mesías  por medio de la entrada que haría al Reino de los cielos que nuevamente Pedro abriría al redil.

Es allí nuevamente donde el portero ya se encuentra en la puerta, esta vez representada físicamente como la puerta del templo que se llama la Hermosa, en donde Pedro hace uso de sus llaves:

Comienza entonces al igual que en el día de pentecostés, el segundo cumplimiento de esta profecía por medio de un acto espiritual como lo es el milagro del cojo que era traído a “la puerta” para que pidiera limosna y en efecto, solo en la puerta aquel cojo podía ser sano, por esto Jesús dijo, “…  no he venido a los que están sanos, sino a los enfermos …” (Mateo 9:12), he aquí entonces el Cristo presente en el acto, quien tomando posesión del cuerpo de Pedro ocurre el milagro que le permitió a los israelitas, esta vez cinco mil hombres, acceder no tan solo al templo terrenal sino más bien al templo del Reino Espiritual para dar la bienvenida al Cristo en sus propios cuerpos, en su propio redil.

“Hechos 3:1  Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena,  la de la oración. 3:2  Y era traído un hombre cojo de nacimiento,  a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa,  para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. 3:3  Este,  cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo,  les rogaba que le diesen limosna. 3:4  Pedro,  con Juan,  fijando en él los ojos,  le dijo: Míranos. 3:5  Entonces él les estuvo atento,  esperando recibir de ellos algo. 3:6  Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro,  pero lo que tengo te doy;  en el nombre de Jesucristo de Nazaret,  levántate y anda. 3:7  Y tomándole por la mano derecha le levantó;  y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; 3:8  y saltando,  se puso en pie y anduvo;  y entró con ellos en el templo,  andando,  y saltando,  y alabando a Dios.”

Fue entonces cuando el pueblo conoció que aquel milagro era una señal de Dios

“Hechos 3:9  Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios. 3:10  Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo,  la Hermosa;  y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido. 3:11  Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado,  todo el pueblo,  atónito,  concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón.”

Entonces al ver esto Pedro, comienza nuevamente a hacer uso de sus llaves por medio de la misma predicación que realizo en el día de pentecostés, en donde presentaba al Cristo Como aquella puerta mayor que salomón según las mismas palabras de Jesús (Mateo 12.42eh aquí uno mayor que Salomón en este lugar…”) para hacer que el pueblo hiciera su entrada al Reino de los Cielos por medio de esta puerta y se cumplirá entonces una nueva etapa de la profecía de las llaves de Pedro:

“Hechos 3:12  Viendo esto Pedro,  respondió al pueblo: Varones israelitas,  ¿por qué os maravilláis de esto?  ¿O por qué ponéis los ojos en nosotros,  como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste? 3:13  El Dios de Abraham,  de Isaac y de Jacob,  el Dios de nuestros padres,  ha glorificado a su Hijo Jesús,  a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato,  cuando éste había resuelto ponerle en libertad. 3:14  Más vosotros negasteis al Santo y al Justo,  y pedisteis que se os diese un homicida, 3:15  y matasteis al Autor de la vida,  a quien Dios ha resucitado de los muertos,  de lo cual nosotros somos testigos. 3:16  Y por la fe en su nombre,  a éste,  que vosotros veis y conocéis,  le ha confirmado su nombre;  y la fe que es por él ha dado a éste está completa sanidad en presencia de todos vosotros. 3:17  Mas ahora,  hermanos,  sé que por ignorancia lo habéis hecho,  como también vuestros gobernantes. 3:18  Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas,  que su Cristo había de padecer.”

Y es cuando nuevamente Pedro testifica hablando del acercamiento del Reino de Dios a los hombres diciendo las palabras que le daban a conocer: “… arrepentíos y convertíos…”

“Hechos 3:19  Así que,  arrepentíos y convertíos,  para que sean borrados vuestros pecados;  para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, 3:20  y él envíe a Jesucristo,  que os fue antes anunciado; 3:21  a quien dé cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas,  de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo. 3:22  Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos,  como a mí;  a él oiréis en todas las cosas que os hable; 3:23  y toda alma que no oiga a aquel profeta,  será desarraigada del pueblo.”

Sin embargo, como no existe palabra de Dios que no se cumpla, a pesar de la interrupción de los sacerdotes del templo, el cumplimiento de esta profecía tenía realizarse, pues muchos de los que habían creído a su palabra eran total cinco mil, cumpliendo así la segunda fase de la profecía de Jesús sobre Pedro.

“Hechos 4:1  Hablando ellos al pueblo,  vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo,  y los saduceos, 4:2  resentidos de que enseñasen al pueblo,  y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos. 4:3  Y les echaron mano,  y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente,  porque era ya tarde. 4:4  Pero muchos de los que habían oído la palabra,  creyeron;  y el número de los varones era como cinco mil.”

Amen, ya están los cinco mil hombres, que como ovejas de Cristo reconocieron la voz de su pastor, he ahí el portero, Pedro, quien una vez más abrió la puerta de fe a aquellos hombres, sin embargo quisiera preguntar ¿Falta aún otra fase de aquella profecía del buen pastor? En teoría sí, es más aún faltan dos etapas del cumplimiento de esta palabra, ¿Cómo puede ser esto? Muy simple. Cuando Jesús le otorga las llaves a Pedro, no le dice cuántas llaves son, sin embargo cuando Jesús establece la misión de Pedro, de pastorear a las ovejas, se lo dice en tres oportunidades, “… Pedro me amas – si Señor, sabes que te amo – pastorea mis ovejas…” estas tres etapas de la misión de Pedro de abrir la puerta de fe del Reino de Dios, aún tenían su punto culmine inconcluso, ya que en la última fase de este cumplimiento Jesús le agrega el sello de confirmación de esta profecía al decirle que vendría otro que le llevaría a donde no quiere…

Juan 21:17  Le dijo la tercera vez: Simón,  hijo de Jonás,  ¿me amas?  Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas?  Y le respondió: Señor,  tú lo sabes todo;  tú sabes que te amo.  Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.21:18  De cierto,  de cierto te digo: Cuando eras más joven,  te ceñías,  e ibas a donde querías;  mas cuando ya seas viejo,  extenderás tus manos,  y te ceñirá otro,  y te llevará a donde no quieras. 21:19 Esto dijo,  dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios.  Y dicho esto,  añadió: Sígueme.”

Y es que esta última etapa de la profecía, no está ligada al pueblo de Israel ni a las ovejas de Israel, sino más bien, al otro redil de ovejas que Jesús dijo tener en la misma explicación de la parábola del buen pastor:

“Juan 10:16  También tengo otras ovejas que no son de este redil;  aquéllas también debo traer,  y oirán mi voz;  y habrá un rebaño,  y un pastor.”

Pues de la misma forma en que se refiere a las ovejas de su redil (los israelitas) diciendo que oirán su voz, también dice la escritura que aquellas ovejas suyas que están en el otro redil, de la misma forma oirían su voz, por lo tanto como ya lo hemos visto en las escrituras, la voz del Señor está representada a través de las palabras de Pedro, quien ya se las había hecho escuchar en sus predicaciones a las ovejas de Israel, quedando entonces, la tercera fase de esta profecía, ligada absolutamente al otro redil, al redil de los gentiles, quienes por medio de las palabras de Pedro deberían reconocer la voz del maestro y darle entonces Pedro,  la entrada para que aquellas ovejas del otro redil también fueran hijos del Reino por medio del reconocimiento de Jesús quien, apoyado una vez más por la presencia del Espíritu Santo como sello de la profecía que indicaba el acercamiento del Reino de los Cielos, debía hacer posesión también de aquellas personas.

Solo entonces, bajo estas condiciones y parámetros, se cumple la tercera parte del cumplimiento de las llaves de Pedro, como el encargado en esta oportunidad de abrir la tercera y última puerta al Reino de Dios, esta vez a los gentiles.

Pero esta etapa trae, como ya lo mencionamos, un agregado por parte de Jesús que le dificultaría a Pedro no tan solo la apertura de la puerta al redil de los gentiles, sino también junto con la liberación de estas ovejas, la liberación del mismo Pedro ya que no por el hecho de ser portero perdía su condición de oveja o más bien dicho, de seguidor de Cristo.

Es entonces esta liberación de Pedro, la parte en que debe ser tomado por otra persona aun en contra de su voluntad, según las palabras del Cristo.

Como esta nueva etapa estaba ligada a una dificultad tan grande para Pedro, es esta la razón por la cual, esta nueva y última etapa de la profecía  debía ser impulsada por revelación directa del Eterno hacia Pedro, para que este pudiera reaccionar conforme a la voluntad de Dios y proclamar así, la entrada al Reino de Dios por parte de este extraño redil que se encontraba en el pueblo gentil.

Tan extraño es para Pedro este redil, que Dios tuvo que revelarle esta voluntad suya por medio de una visión, la que por cierto, tuvo que hacerlo en tres oportunidades, ya que esta era la señal de la tercera puerta que abriría Pedro, esta vez a los gentiles a quienes Pedro tenia por “animales inmundos”.

“Hechos 10:1  Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio,  centurión de la compañía llamada la Italiana… … 10:3  Este vio claramente en una visión,  como a la hora novena del día,  que un ángel de Dios entraba donde él estaba,  y le decía: Cornelio. 10:4  El,  mirándole fijamente,  y atemorizado,  dijo: ¿Qué es,  Señor?  Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios. 10:5  Envía,  pues,  ahora hombres a Jope,  y haz venir a Simón,  el que tiene por sobrenombre Pedro…”

“… Al día siguiente,  mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad,  Pedro subió a la azotea para orar,  cerca de la hora sexta. 10:10  Y tuvo gran hambre,  y quiso comer;  pero mientras le preparaban algo,  le sobrevino un éxtasis; 10:11  y vio el cielo abierto,  y que descendía algo semejante a un gran lienzo,  que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra; 10:12  en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo. 10:13  Y le vino una voz: Levántate,  Pedro,  mata y come. 10:14  Entonces Pedro dijo: Señor,  no;  porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás. 10:15  Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios limpió,  no lo llames tú común. 10:16  Esto se hizo tres veces;  y aquel lienzo volvió a ser recogido en el cielo…”

“… 10:19  Y mientras Pedro pensaba en la visión,  le dijo el Espíritu: He aquí,  tres hombres te buscan. 10:20  Levántate,  pues,  y desciende y no dudes de ir con ellos,  porque yo los he enviado…”

“… 10:22  Ellos dijeron: Cornelio el centurión,  varón justo y temeroso de Dios,  y que tiene buen testimonio en toda la nación de los judíos,  ha recibido instrucciones de un santo ángel,  de hacerte venir a su casa para oír tus palabras.” 

“… 10:26  Mas Pedro le levantó,  diciendo: Levántate,  pues yo mismo también soy hombre. 10:27  Y hablando con él,  entró,  y halló a muchos que se habían reunido. 10:28  Y les dijo: Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero;  pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo; 10:29  por lo cual,  al ser llamado,  vine sin replicar.  Así que pregunto: ¿Por qué causa me habéis hecho venir? 10:30  Entonces Cornelio dijo: hace cuatro días que a esta hora yo estaba en ayunas;  y a la hora novena,  mientras oraba en mi casa,  vi que se puso delante de mí un varón con vestido resplandeciente, 10:31  y dijo: Cornelio,  tu oración ha sido oída,  y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios.”

“… 10:34  Entonces Pedro,  abriendo la boca,  dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, 10:35  sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia. 10:36  Dios envió mensaje a los hijos de Israel,  anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo;  éste es Señor de todos.”

Luego del encuentro entre este gentil llamado Cornelio, Pedro entendió que no debía hacer acepción de personas, por lo tanto, una vez que Pedro entendió esto, comienza entonces la tercera y última parte de la profecía entrega a Pedro, y haciendo uso de sus llaves, es decir, de la predicación del Cristo, nuevamente hubo un acercamiento más del Reino de Dios a la tierra, y la presencia de su  Espíritu Santo otra vez se hizo palpable pero, esta vez en aquel redil que solo hace unos momentos atrás, parecía tan extraño a los ojos de Pedro.

Es por esto que una vez más comienza la misma manifestación del Espíritu Santo de Dios, tal como en el día de pentecostés, pero ahora sobre los gentiles.

“Hechos 10:37  Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea,  comenzando desde Galilea,  después del bautismo que predicó Juan: 10:38  cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret,  y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo,  porque Dios estaba con él. 10:39  Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén;  a quien mataron colgándole en un madero. 10:40  A éste levantó Dios al tercer día,  e hizo que se manifestase; 10:41  no a todo el pueblo,  sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano,  a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos. 10:42  Y nos mandó que predicásemos al pueblo,  y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos. 10:43  De éste dan testimonio todos los profetas,  que todos los que en él creyeren,  recibirán perdón de pecados por su nombre. 10:44  Mientras aún hablaba Pedro estas palabras,  el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. 10:45  Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. 10:46  Porque los oían que hablaban en lenguas,  y que magnificaban a Dios. 10:47  Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua,  para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? 10:48  Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús.  Entonces le rogaron que se quedase por algunos días.”

Ahora bien, tal como lo mencionamos, esta última señal estaba ligada al hecho de que Jesus le dijo a Pedro que vendría otro, es decir, otra persona, y le tomaría y lo llevaría por donde el no quisiera ir.

Para comprender entonces este último paso de la profecía anunciada a Pedro, es necesario aclarar que aquella libertad que habla Jesús en la parábola del buen pastor, es referente a la libertad de la ley mosaica, ya que tanto los apóstoles, como aquellas personas que habían recibido por fe a Jesucristo debían, según el consenso de los apóstoles, cambiar la tradición de la ley mosaica por los nuevos mandamientos de Jesús, es decir, era necesario que los israelitas de dejaran las tradiciones Judías que se habían cumplido ya en Cristo precisamente con el fin de que estas leyes y tradiciones ya no fueran más la puerta de salvación entre Dios y los hombres, ya que esta nueva puerta, renovada, debía ser constituida como tal en los Judíos cristianos, pues el hecho de dejar a un lado la ley mosaica para seguir las leyes de Cristo era la representación gráfica de aquella libertad que Jesús proclamó en la parábola del buen pastor, cuando dice que “él las sacara del redil”.

“10:3  A éste abre el porteroy las ovejas oyen su voz;  y a sus ovejas llama por nombre,  y las saca. 10:4  Y cuando ha sacado fuera todas las propias,  va delante de ellas;  y las ovejas le siguen,  porque conocen su voz.”

Esta acción de libertad que prometía cristo para sus ovejas, es la libertad a la cual se refería el mismo Jesús en el evangelio de Juan, al discutir con los fariseos quienes precisamente se autodenominaban “hijos de Abraham”.

“Juan 8:32  y conoceréis la verdad,  y la verdad os hará libres. 8:33  Le respondieron: Linaje de Abraham somos,  y jamás hemos sido esclavos de nadie.  ¿Cómo dices tú: Seréis libres? 8:34  Jesús les respondió: De cierto,  de cierto os digo,  que todo aquel que hace pecado,  esclavo es del pecado. 8:35  Y el esclavo no queda en la casa para siempre;  el hijo sí queda para siempre. 8:36  Así que,  si el Hijo os libertare,  seréis verdaderamente libres.”

Y también testifica acerca de este concepto de libertad, desligada de la ley mosaica la cual representa a la muerte por medio del pecado habla Pablo diciendo:

“Romanos 7:5  Porque mientras estábamos en la carne,  las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte. 7:6  Pero ahora estamos libres de la ley,  por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos,  de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.”

Por esta razón, el sub-mesías Pablo, más conocido como el apóstol a los gentiles, afirmando las palabras de Jesús acerca de la verdadera libertad habla diciendo que esta ley de Moisés es una ley que esclaviza al hombre (estar sujeto) y que por lo tanto la verdadera libertad estaba bajo el régimen nuevo del Espíritu, y no bajo el antiguo régimen de la letra (ley mosaica) es decir, en pocas palabras Pablo hace referencia a la profecía del buen pastor, pues menciona claramente que por medio de una acción del Espíritu Santo de Dios, se obtiene la verdadera libertad, es decir, por medio de la presencia del Espíritu, se cumple la palabra del buen pastor cuando habla diciendo que el sacaría fuera del redil a sus ovejas para que le siguiesen.

Por este motivo, los versículos 3 y 4 del capítulo 10 de Juan, dicen que es Jesús quien va a sacar a sus ovejas de ese redil, y que cuando haya sacado a todas sus ovejas, ira delante de ellas y le seguirán; ¡Era necesario entonces según las palabras del Cristo sacar a todas sus ovejas a la libertad que tanto nos prometió refiriéndose a la ley mosaica!

Esa era entonces la libertad que Pedro aun no quería asimilar para sí mismo, por esta razón, Jesús le profetiza que vendrá otro y le tomara a donde él no quería ir, hablando de la testarudez de Pedro de permanecer en el antiguo pacto.

Entonces nos falta aquel “otro” para el cumplimiento de las palabras que Cristo profetiza, y que sea ese “otro” quien venga a rescatar a esta oveja llamada Pedro, quien por voluntad propia no estaba dispuesto a salir del viejo redil. Sin embargo la pregunta clave es ¿Por qué Cristo habla de “otro” cuando la misma parábola dice que es él, Cristo, quien sería el encargado de sacar fuera a todas sus ovejas?

Ese otro a quien se refiere Jesús cuando le profetiza a Pedro, si bien es cierto, no es Cristo mismo como persona física, es Cristo mismo como persona espiritual representada en la personas del apóstol Pablo, es por esta razón, que me dirijo a Pablo como el sub-mesías, ya que, esta misión que cristo se autoimpuso al decir que solo el sacaría a sus ovejas, no la pudo realizar físicamente en cuerpo presente, y como sus propias palabras indican que solo él podía hacerlo, el único que tenía la autoridad del Mesías sobre su propio cuerpo, no era nadie más que nuestro amado sub  – mesías Pablo, al apóstol a los gentiles. Por esta razón hablo de sub – mesías, es decir, alguien que está bajo la persona del Cristo pero que es el representante oficial de Jesús, y por ende continuador de la obra de Jesús. Solo así puede cumplirse la palabra de aquel Cristo libertando a su ovejas, en efecto, Pablo como representante oficial del mesías, era por lo tanto la figura del Mesías aquí en la tierra y solo él podía sacar a Pedro de aquel redil del viejo pacto

Por esta razón y por todo lo antes mencionado, específicamente la última manifestación del espíritu santo  dirigida a los gentiles, como señal de la apertura de la puerta al Reino espiritual que es Cristo, es Pablo quien toma la responsabilidad del mismo mesías de sacar a esta oveja llamada Pedro, del redil que era la representación de la antigua ley, y esto se cumple en aquel concilio que nos muestra el libro de Hechos capítulo 15, cuyo detalle de la discusión que tenía Pablo contra los defensores de la circuncisión como vestigio de la ley mosaica aun presente en los apóstoles, es el mismo Pablo quien describe los detalles de este evento en la carta a los gálatas capítulo 2, en donde menciona específicamente que aquella discusión, no pequeña, Pablo la sostuvo contra Pedro, quien negándose a salir del viejo redil, aun defendía la salvación por medio de la circuncisión.

He aquí el detalle de los dos textos que se refieren a un mismo evento, el de la discusión de los apóstoles Pedro y Pablo.

“Hecho 15:1  Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés,  no podéis ser salvos. 15:2  Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos,  se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén,  y algunos otros de ellos,  a los apóstoles y a los ancianos,  para tratar esta cuestión.”

Y aquí está el texto en donde Pablo da los detalles de aquella discusión que revela a los gálatas:

Gálatas 2:7  Antes por el contrario,  como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión,  como a Pedro el de la circuncisión. 2:8  (pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión,  actuó también en mí para con los gentiles), 2:9  y reconociendo la gracia que me había sido dada,  Jacobo,  Cefas y Juan,  que eran considerados como columnas,  nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo,  para que nosotros fuésemos a los gentiles,  y ellos a la circuncisión. 2:10  Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres;  lo cual también procuré con diligencia hacer. 2:11  Pero cuando Pedro vino a Antioquíale resistí cara a cara,  porque era de condenar. 2:12  Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo,  comía con los gentiles;  pero después que vinieron,  se retraía y se apartaba,  porque tenía miedo de los de la circuncisión. 2:13  Y en su simulación participaban también los otros judíos,  de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos. 2:14  Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio,  dije a Pedro delante de todos: Si tú,  siendo judío,  vives como los gentiles y no como judío,  ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?

Es por esta razón que el libro de los hechos continua su relato diciendo que solo después de esta discusión, Pedro se levantó y dijo…” es decir, ¡Este es el cumplimiento del momento exacto en donde Pedro había sido tomado en contra de su voluntad, para ser llevado por el representante autorizado del Mesías, el sub – mesías Pablo, hacia la verdadera libertad de la cual Cristo había hablado diciendo que él sacaría del redil a sus ovejas, y que como esta oveja llamada Pedro no saldría fácilmente, tuvo que ser tomada por el sub- Mesías Pablo para que se pudiera finalmente completar el cuadro de aquella parábola de Cristo acerca del buen pastor, en donde el portero jugaba en efecto un papel fundamental en el reino de los cielos.

Por este motivo, el libro de los hechos continua diciendo que después de esta discusión apostólica, Pedro, quien ya había sido sacado del antiguo redil por parte del represéntate de nuestro Mesías, tuvo que reconocer una vez más, que él no podía quedar fuera de aquel evento en que Cristo sacaba a sus ovejas del antiguo redil de la ley, para llevarlas a la verdadera libertad, por esto se expresa Pedro en su discurso post-discusión en el libro de los Hechos.

Hechos 15:7  Y después de mucha discusión,  Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos,  vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen. 15:8  Y Dios,  que conoce los corazones,  les dieron testimonio,  dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; 15:9  y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos,  purificando por la fe sus corazones. 15:10  Ahora,  pues,  ¿por qué tentáis a Dios,  poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? 15:11  Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos,  de igual modo que ellos. 15:12  Entonces toda la multitud calló,  y oyeron a Bernabé y a Pablo,  que contaban cuán grandes señales y maravillas había hecho Dios por medio de ellos entre los gentiles.  15:13  Y cuando ellos callaron,  Jacobo respondió diciendo:  Varones hermanos,  oídme. 15:14  Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles,  para tomar de ellos pueblo para su nombre. 15:15  Y con esto concuerdan las palabras de los profetas,  como está escrito: 15:16  Después de esto volveré   Y reedificaré el tabernáculo de David,  que está caído;   Y repararé sus ruinas,   Y lo volveré a levantar, 15:17  Para que el resto de los hombres busque al Señor,   Y todos los gentiles,  sobre los cuales es invocado mi nombre, 15:18  Dice el Señor,  que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos. 15:19  Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, 15:20  sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos,  de fornicación,  de ahogado y de sangre. 15:21  Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas,  donde es leído cada día de reposo. 15:22  Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos,  con toda la iglesia,  elegir de entre ellos varones y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé:  a Judas que tenía por sobrenombre Barsabás,  y a Silas,  varones principales entre los hermanos;”

(Es en este versículo en donde Pablo habla a los Gálatas diciendo que: “… nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo,  para que nosotros fuésemos a los gentiles,  y ellos a la circuncisión…”)

Y como sello de confirmación de que esta profecía inserta en la parábola del buen pastor, ligada a la promesa del Cristo acerca de las llaves de Pedro, en donde además Jesús la confirma por medio del mandato que le hace a Pedro “… apacienta mis ovejas …”, debo mencionar el hecho que ésta es una profecía que se cumple por medio de estos acontecimientos apostólicos, y que es Pedro quien ya anciano reconoce, tal como lo señaló la profecía de Cristo después de su resurrección (Juan 21:18  De cierto,  de cierto te digo: Cuando eras más joven,  te ceñías,  e ibas a donde querías;  mas cuando ya seas viejo,  extenderás tus manos,  y te ceñirá otro,  y te llevará a donde no quieras.), dentro de un admirable gesto de humildad expresado en su segunda carta, en donde exalta aquella sabiduría que ha Pablo la había sido dada, testificando nuevamente  que uno mayor que Salomón (Mateo 12.42eh aquí uno mayor que Salomón en este lugar…”), es decir, el mismo espíritu de Cristo en Pedro cuando realiza el cumplimiento de la apertura de la segunda puerta al Reino de los Cielos, estaba también actuado en Pablo no tan solo en aquella oportunidad, sino que lo seguía haciendo en hasta los días del anciano Pedro. Y esto lo confirma Pablo al decir, que el mismo espíritu que actuó en Pedro, también había actuado con él ( Gálatas 2:8  pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión,  actuó también en mí para con los gentiles), por esta razón, el sub – mesías dice con toda autoridad:

Gálatas 2:20: “… y ya no vivo yo,  mas vive Cristo en mí

Confirmando nuevamente que el cumplimiento de aquella profecía de Cristo, señalada para los días de Pedro siendo anciano, estaba absolutamente completada, reconocida y testificada por medio de las mismas palabras de Pablo y también de Pedro:

“1 Pedro 5:1  Ruego a los ancianos que están entre vosotros,  yo anciano también con ellos,  y testigo de los padecimientos de Cristo,  que soy también participante de la gloria que será revelada:

2 Pedro 3:13  Pero nosotros esperamos,  según sus promesas,  cielos nuevos y tierra nueva,  en los cuales mora la justicia. 3:14  Por lo cual,  oh amados,  estando en espera de estas cosas,  procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles,  en paz. 3:15  Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación;  como también nuestro amado hermano Pablo,  según la sabiduría que le ha sido dada,  os ha escrito, 3:16  casi en todas sus epístolas,  hablando en ellas de estas cosas;  entre las cuales hay algunas difíciles de entender,  las cuales los indoctos e inconstantes tuercen,  como también las otras Escrituras,  para su propia perdición. 3:17  Así que vosotros,  oh amados,  sabiéndolo de antemano,  guardaos,  no sea que arrastrados por el error de los inicuos,  caigáis de vuestra firmeza.”

En resumen, las llaves de las que habló Jesús, no son una entrada a un supuesto paraíso que está en una nube detrás de una gran puerta dorada, sino más bien, son el cumplimiento de una profecía que se realiza en tres fases distintas durante los días de los apóstoles y que hace mención a aquellas oportunidades en que Pedro, por medio de sus predicaciones, dio a conocer la obra de nuestro mesías tanto al pueblo de Israel como el pueblo gentil, para que aquellos que escuchaban entraran así al Reino de los Cielos del que tanto hablaba Jesús, y no de un castillo de oro encima de una nube, sino de la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas cuyo conducto pasa por una puerta la cual es Jesús, y que todo el testimonio de esta obra está compuesta de una parábola, dos profecías específicas y los hechos que en según testifican sus relatos, dan cuenta de que estas llaves, no son nada más que las predicaciones de Pedro, y de su salida del Judaísmo a la nueva ordenanza de  libertad de Jesús.

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